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En
1514 se acordó que Solís exploraría las costas del continente en
busca del estrecho que comunicara
los dos océanos. Después de recorrer las costas de
Brasil, navegar hasta los 35º, penetrando en el gran estuario que
llamó de Santa María.
Solís
había descubierto oficialmente, para España, el río de la Plata,
cuando Hernando de Magallanes, que salió de Sanlúcar de Barrameda
el 20 de Septiembre de 1519, divisaba el 21 de Octubre el cabo
Vírgenes, detrás del cual se extendía el deseado estrecho,
variando entonces en rumbo a las Islas Molucas.
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En
1527 Sebastián Caboto decidió penetrar en el río
descubierto por Solís. Remontó el río Paraná, y en la
confluencia de éste con el Carcarañá fundó el fuerte de
“Sancti Spiritus” el 9 de Junio. Entre tanto había
salido de La Coruña Diego García, que penetró también en
el río de la Plata, y remontando el Paraná, se encontró
con Caboto, con quien llegó a un acuerdo, y juntos
emprendieron la exploración del río PilcoMayo. El fuerte
fundado por Caboto fue destruido por los indígenas en
Septiembre de 1529, y como quiera que los refuerzos pedidos
a España no llegaban, los dos exploradores resolvieron
regresar al punto a la Península.
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El
hallazgo de planchas de oro y de plata en manos de los indígenas
dio lugar a que entre los españoles se empezase a designar la
región con el nombre de «puerto o isla de la Plata, pero fue la
diplomacia portuguesa la que difundió el nombre de Río de la
Plata, para pretextar derechos de prioridad de descubrimiento del
río.
La
conquista de la región del Plata
En
21 de Mayo de 1534 se firmó la capitulación con Pedro de Mendoza,
a quien se hacía Gobernador y Capitán General del Río de la plata
y de las doscientas leguas de costa del mar del Sur dadas en
capitulaciones a Diego de Almagro, para conquistar y hacer
población. La expedición partió el 24 de Agosto de 1535. En
Febrero de 1536 las embarcaciones menores entraron en el “Riachuelo
de los Navíos”, en cuya margen fundó el adelantado la ciudad de
Puerto de Santa María del Buen Aire. En el punto indicado
construyese una iglesia, una casa para el adelantado y numerosas
chozas. Desembarcaron setenta y dos caballos y yeguas, base de la
riqueza ganadera argentina.
Al
principio los indígenas proveyeron a los españoles de pescado y
carne, pero pronto dejaron de darles alimentos, y habiéndose
enviado una expedición contra ellos, se trabó la batalla en que
murieron Diego Mendoza y treinta españoles más. Entonces, la
ciudad fue fortificada.
Antes
Juan de Ayolas había remontado el Paraná y fundado el asiento de
«Corpus Christi», cerca de Coronda. Ante el éxito, Pedro de
Mendoza marchó con setecientos hombres, y pocas leguas más abajo
de la desembocadura del Carcarañá fundó el “Puerto de Nuestra
Señora de la Buena Esperanza”, desde el cual salió Ayolas en
busca de las tierras del oro. Mendoza regresó a Buenos Aires, y en
Abril de 1537 emprendió el regreso a España, dejando como sucesor
a Ayolas; pero falleció en el viaje el 23 de Junio.
Ayolas
había remontado el Paraná hasta el puerto que llamó de la
Candelaria, donde dejó a Domingo Martínez de lrala, y emprendió
viaje al Perú; consiguió llegar y regresó cargado de oro y plata,
pero no encontró a Irala, y después de un penoso viaje de 400
leguas, queriendo hallar descanso entre los indios payaguaes, fue
muerto por éstos. Mientras, Juan de Salazar y Gonzalo de Mendoza,
que iban en busca de Ayolas, fundaron en Agosto de 1537 el fuerte de
la Asunción, donde después Irala fundó la ciudad del mismo
nombre.
Como
mermara de día en día la población de la Asunción, Irala
resolvió despoblar la ciudad de Buenos Aires. Así lo realizó en
Junio de 1541, dando a las llamas, antes de partir, la iglesia del
Espíritu Santo, la nao Trinidad, que estaba encallada y cuanto no
pudo trasladarse a los bergantines donde embarcaban los pobladores.
Alvar
Núñez Cabeza de Vaca
El
emperador Carlos V confirió permiso a Alvar Núñez Cabeza de Vaca
para que armara una expedición al Río de la Plata, con las
prerrogativas de adelantado para el caso de que hubiera muerto
Ayolas. Cabeza de Vaca arribó a Santa Catalina en 1540, desde donde
emprendió la travesía por tierra hasta la Asunción, adonde llegó
en Marzo de 1542.
Cabeza
de Vaca asumió el mando, hizo explorar por Irala el río Paraguay y
organizó una expedición para hacer el viaje al Perú, pero la
belicosidad de las tribus y los obstáculos de la Naturaleza le
obligaron a regresar, encontrándose en la Asunción con un
movimiento revolucionario que lo depuso y lo redujo a prisión.
Depuesto Alvar Núñez, Irala fue elegido teniente Gobernador y
Capitán General, siendo el primer gobernante en cuya elección
intervino el pueblo.
Irala
había consignado en su testamento que a su muerte ocuparía el
gobierno su yerno, Gonzalo de Mendoza. Fallecido éste, los vecinos
designaron a Ortiz de Vergara, pero el virrey del Perú nombró
tercer adelantado a Juan Ortiz Zárate, quien, de acuerdo con el
convenio celebrado, debía traer de España familias de
agricultores, obreros, vacas, caballos y ovejas; a este efecto
partió para España, ocurriendo durante su ausencia nuevos
disturbios entre la población.
En
tanto empezaba a destacar Juan de Garay comisionado para fundar una
población en las provincias del Plata. Garay remontó el Paraná en
compañía de nueve españoles y setenta cinco mancebos nacidos en
la tierra, y con ese personal casi exclusivamente criollo fundó la
ciudad de Santa Fe en 1573. El movimiento colonizador cambiaba de
rumbo, y ahora venía de Asunción al Plata.
Ortiz
de Zárate, que había regresado de España, no pudo realizar sus
propósitos colonizador y falleció en la Asunción, habiendo
dispuesto que le sucediese el que se casare con su hija, que
residía en el Perú. El casamiento se realizó con Juan Torres de
Vera y Aragón, que fue así nuevo adelantado.
Vera
y Aragón designó a Garay su teniente de gobernador, y éste
realizó el 11 de Junio de 1580 la segunda fundación de Buenos
Aires siendo de notar que de los sesenta y tres hombres que le
acompañaban, sólo diez eran españoles y los demás criollos.
Enseguida Garay distribuyó tierras, encomendó a los indios, hizo
reservar lugar para la iglesia y nombró el primer cabildo.
Después
de fundar Alonso de Vera y Aragón, el 14 de Abril de 1585, la
desaparecida ciudad de Nuestra Señora de la Concepción del
Bermejo, en 1588 Juan Torres de Vera y Aragón, en compañía de
Hernando Arias de Saavedra, fundó en las márgenes del río Paraná
la ciudad de San Juan de Vera de las siete Corrientes.
Con
la fundación de Buenos Aires, el movimiento colonizador había
vuelto nuevamente a su punto de partida.
Hernando
Arias de Saavedra. Buenos Aires y la Asunción. Los jesuitas.
En
1591, el último adelantado del Río de la Plata, Juan Torres de
Vera y Aragón, se encontraba en España, habiendo dejado como
tenientes gobernadores a diversos parientes.
En
premio a los servicios prestados, Hernandarias de Saavedra fue
designado teniente gobernador en Santa Fe por Hernando de Zárate,
pero más tarde el gobernador Juan Ramírez de Velazco lo nombró en
la Asunción, donde continuó prestando importantes servicios, y
cuando Velazco falleció, Hernandarias de Saavedra fue elegido por
el pueblo y confirmado por el virrey de Lima en 1597.
En
1600 falleció en Santa Fe el gobernador de Buenos Aires Diego
Rodrigo de Valdés y de la Banda, y en 1602 fue nombrarlo
Hernandarias de Saavedra, que en 1614 sería designado por tercera
vez. Durante este nuevo período se produjeron dos hechos de
importancia: la colonización religiosa con el sistema de las
misiones jesuíticas, y la división de las tierras del Plata en dos
gobernaciones. Retirado a Santa Fe, Hernandarias de Saavedra
falleció en 1634.
En
1617, el rey dividió las tierras del Plata en dos gobernaciones,
constituyéndose la gobernación del Guayrá, en los límites de la
actual República del Paraguay, y la de Buenos Aires, de la cual
formaban parte los actuales territorios de Buenos Aires, Banda
Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, la Patagonia y el Gran
Chaco. Esta división marca un punto importante en la historia
colonial; para ella se tuvo en cuenta la decadencia de la Asunción,
mientras Buenos Aires aumentaba de importancia, siendo de hecho el
centro de la población del Río de la Plata, su capital y su
mercado. Mientras tanto, el Paraguay se estacionó. En 1620 se
organizó el obispado de Buenos Aires.
Una
descripción del viajero francés Acarette du Biscay, llegado en
esta época, permite formar idea de lo que era Buenos Aires hacia
1658. La vida era sencilla y barata, siendo la ganadería la
principal riqueza; los pobladores eran virtuosos, especialmente la
mujer, cuya belleza y honestidad exalta Du Biscay. Un censo
efectuado en 1664 dio 211 familias con 854 vecinos, sin contar
sacerdotes, militares ni esclavos.
El
gobernador de Buenos Aires, coronel Baltasar García Ros, cumpliendo
órdenes de la corte, entregó la Colonia del Sacramento, en el mes
de Noviembre del año 1716.
Los
franceses radicaron en las islas Malvinas en 1764, pero entablada la
reclamación por parte de España, el establecimiento fue entregado
y los españoles fundaron el puerto de Soledad. En el año 1765 los
ingleses fundaron una colonia con el nombre de Puerto Egmont, pero
fueron desalojados por una expedición que envió el gobernador de
Buenos Aires. Inglaterra, en ese año 1833, se apoderó de las islas
Malvinas.
Fundación
de ciudades. Creación de la Universidad de Córdoba
A
principios del siglo, el gobernador del Tucumán, Alonso de Ribera,
fundó las ciudades de San Juan de la Ribera y de Talavera de
Madrid, y el obispo fray Fernando Trejo echó las bases, en 1612, en
el Colegio Máximo de los jesuitas, de la que andando el tiempo
había de ser Universidad de Córdoba, inaugurada en 1613.
El
Tucumán fue teatro de una sangrienta sublevación de calchaquíes,
que durante diez años sitiaron las principales ciudades,
incendiaron campos y viviendas, y pasaron a cuchillo a cuantos
españoles tuvieron en las manos, siendo al fin reducidos y la
sublevación ahogada en sangre.
En
5 de Julio de 1683, el gobernador Fernando de Mendoza Mate de Luna
fundó la ciudad de Catamarca, penetrando en el Chaco con varios
misioneros jesuitas para reducir a los indios.
En
1721, José de Antequera y Castro, enviado por la Audiencia de la
Plata, prendió al gobernador Diego de los Reyes, y el pueblo lo
nombró en lugar de éste. Después de nuevas incidencias, Antequera
fue condenado a muerte y ajusticiado, pero el movimiento fue
continuado por sus partidarios o "comuneros", que
afirmaban que el poder de la comunidad era superior al del rey.
Treinta
años después estallaba en Corrientes la revolución de los “comuneros”.
Pedro de Cevallos intentó imponerse, pero el teniente gobernador
fue hecho prisionero (29 de Octubre de 1764) y su autoridad
reemplazada por la del cabildo.
Cuestiones
entre España y Portugal
Con
el objeto de evitar conflictos entre España y Portugal, las dos
potencias que se habían lanzado a los descubrimientos, el Papa
Alejandro VI había propuesto la línea que pasara a cien leguas
(ampliada después a trescientas) de las islas Azores. El tratado de
Tordesillas fue firmado el 7 de Junio de 1494, pero la demarcación
pactada era sobre las tierras de Asia, pues aún se ignoraba que las
tierras descubiertas por Colón formasen un nuevo continente.
En
1500, Pedro Alvarez Cabral, siguiendo las huellas de Vasco de Gama,
llegó a las costas del Brasil, y Portugal se declaró dueño de
esas tierras, fundado en que quedaban al oriente de la línea
trazada y en que era un marino portugués el descubridor. El rey de
España acordó con el de Portugal el nombramiento de una comisión
de límites, pero entonces se presentaron numerosas dificultades
surgidas en gran parte a causa de la vaguedad del tratado de
Tordesillas.
Por
el tratado de Utrecht (1713), que puso fin a la guerra de Sucesión,
según lo dispuesto en el artículo sexto se entregó a Portugal la
Colonia del Sacramento, lo que animó a los portugueses a aumentar
sus pretensiones al Río de la Plata, llegando a posesionarse de las
playas de Montevideo. Fueron desalojados en Enero de 1724 por el
gobernador Bruno Mauricio de Zabala, quien fortificó el lugar con
mil indios y numerosas familias de Buenos Aires, naciendo así
Montevideo, que fue erigida en ciudad al instituirse el cabildo el
lº de Enero de 1730. Hasta 1751 Montevideo dependió de la
gobernación de Buenos Aires, pero en esa fecha se le dio
jurisdicción militar y política.
Hubo
tregua y pactos transitorios, mas el pacto de familia celebrado
entre España y Francia, y al cual no quiso adherirse Portugal,
colocaba a los dos países rivales en campos opuestos poco tiempo
después. Como consecuencia de la guerra, Pedro de Cevallos se
apoderó de la Colonia del Sacramento y continuó su expedición
hasta Río Grande, pero la paz de París (1763) puso fin a la
guerra, acrecentó a expensas de España la grandeza colonial de
Portugal y devolvió la Colonia, quedando España dueña de las
márgenes del Río Grande y costa meridional del Yacuy. En 1777,
siendo Cevallos virrey del Río de la Plata, volvió a apoderarse de
la Colonia, pero al firmarse el 1º de Octubre de ese año el
tratado de San Ildefonso se entregaron a España la Colonia del
Sacramento y las misiones orientales del Uruguay, quedando en poder
de Portugal Santa Catalina, ambas márgenes del Yacuy y del Río
Grande y las penetraciones de los paulistas en Guayrá y Matto
Grosso.
Los
virreyes
El
siglo XVII es, puede decirse, el siglo del absolutismo en la
Historia. Lo tuvieron Francia, Inglaterra y España, y en América
las autoridades no eran la representación del pueblo, sino del rey,
de quien el virrey era representante. Para asegurar su
independencia, le estaba prohibido tener estancias y labranzas. En
el Río de la Plata no existió la pomposa corte de los virreyes del
Perú, porque el estado económico y social no se prestaba para
ello. Mas sólo con la creación del virreinato se inició el
período de organización de la colonia del Plata, se establecieron
las bases de la orientación económica, se organizó la
administración y se definieron los límites del futuro Estado, pues
ya eran evidentes las resistencias del Alto Perú, Chile y Banda
Oriental a subordinarse a Buenos Aires.
Entre
los hechos que fueron conmoviendo el organismo político virreinal,
se puede señalar los siguientes: el cabildo abierto de 14 de Agosto
de 1806 y la Junta de Guerra de 10 de Febrero de 1807, que dejaron
en suspenso al virrey Sobremonte, acto con que se inició la crisis
del derecho político de Indias; la segregación de Montevideo, que
constituyó gobierno propio en 1808; la asonada del lº de Enero de
1809, con la que se intentó derribar al Virrey Liniers;
y, en fin, las revoluciones de Chuquisaca y La Paz, el 25 de Mayo y
el 16 de Julio de 1809, respectivamente.
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El
virrey Cevallos aplicó una serie de reformas fundamentales.
Prohibió extraer metales para Lima, iniciando así una
política de reacción contra las pretensiones del Perú. A
fin de evitar las pérdidas de trigo originadas por el
desorden que se advertía en el trabajo, reglamentó las
faenas de los peones. La medida fundamental de su gobierno
es el auto de 1777 para el comercio libre, por el cual se
abrió el puerto de Buenos Aires. La acción del virrey Vértiz, que le substituyó, fue variada e intensa. Durante
su gobierno se inició un período de renovación. Sabiendo
que vagaban tribus indígenas entre los ríos Paraná y
Uruguay, no mandó ejércitos, sino colonizadores, para que
fundaran pueblos, naciendo así Gualeguay, Concepción del
Uruguay y Nogoyá.
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Respondiendo
a un mandato de la Corte, durante el gobierno de Vértiz se hicieron
importantes exploraciones en la Patagonia por Francisco, Antonio y
Andrés Viedma, Juan de la Piedra y el piloto Villarino. Para poblar
esos territorios se trajeron de España familias castellanas,
asturianas y gallegas, que al abandonarse la empresa fueron
destinadas a los pueblos fundados en Buenos Aires, Entre Ríos y la
Banda Oriental.
En
tanto, hasta fines del siglo XVI la ausencia de moneda metálica era
casi total en el Río de la Plata. En 1618 se estableció que a los
efectos del pago de impuestos y tributos las monedas de la tierra
serían especies, pero la especie monetizada sufrió una
desvalorización, porque se dispuso que el peso, que representaba
ocho reales plata en toda América, sufriera en el Río de la Plata
una depreciación de una cuarta parte. En Potosí existía la Casa
de la Moneda, que pasó a depender de Buenos Aires al crearse el
virreinato.
La
cultura. Las costumbres
Los
Reyes Católicos pusieron todo su empeño en convertir al
catolicismo a los aborígenes y llegaron hasta dictar una
disposición jurídica que honra a la metrópoli: la de que los
indios eran libres e iguales a los españoles. Como la obra de
conversión exigía ingentes sumas, obtuvieron la bula de Alejandro
VI que concedía a los soberanos las rentas de los diezmos para
sostener las iglesias en el Nuevo Mundo.
Las
órdenes religiosas, de franciscanos, dominicos, agustinos y
jesuitas, se dedicaron particularmente a la enseñanza. Los jesuitas
desarrollaron una acción militante, fundaron las
"misiones" y no fueron superados en punto a sacrificios
para civilizar a los indios.
La
enseñanza secundaria de cultura general, filosófica y teológico,
se daba en Buenos Aires en el Colegio de San Carlos. En Córdoba
existía el Colegio de Montserrat, de los jesuitas, del cual los
alumnos pasaban a la universidad, establecida también en Córdoba.
Cuando los jesuitas fueron expulsados en tiempos de Carlos III,
pasó a manos de los franciscanos (1767).
El
primer periódico fue el Telégrafo Mercantil, Rural,
Politicoeconómico e historiógrafo del Río de la Plata, que
apareció el lº de Abril de 1801 bajo la dirección de Francisco
Antonio Cabello y Mesa. No tardaron en publicarse otros.
En
cuanto a la sociedad del Plata, se formó con el aporte de las razas
indígenas, la negra y la blanca europea, que al mezclarse
confundieron también sus creencias y civilizaciones. España
protegió los matrimonios de los españoles establecidos en América
con los naturales. Los hijos de españoles se llamaron criollos; los
de blanco e india, mestizos y los de blanco y negra, mulatos.
Dentro
de la ciudad destacaba en primer plano la aristocracia de los
funcionarios. Lo demás era pueblo, pero existía una clase media de
artesanos y mecánicos. Según un censo de 1744, Buenos Aires tenía
10.056 habitantes, y la campiña, 6.035, de ellos 186 propietarios.
El censo de 1778 dio a la ciudad 24.083 almas y a la campiña 9.439.
En
la campiña vivían los indios, mestizos y españoles, que poseían
tierras y que explotaban el ganado. El hombre del campo, el
"gaucho", vivía en lucha abierta con la Naturaleza.
Hasta
principios del siglo XVIII la vida de la colonia fue pobre y
sencilla. Con el desarrollo del comercio y de la ganadería
comenzaron a formarse las fortunas privadas. A mediados del siglo
había ya verdaderas fortunas.
A
principios del siglo XVI el rey ordenó que los casados llevasen sus
mujeres a América, y no pocas llegaron a ejercer cargos de
importancia, como doña María de Toledo, que fue virreina de las
Antillas; Juana de Zárate, que obtuvo por herencia el título de
adelantado; Isabel Manrique y Aldonzci de Villalobos, que fueron
gobernadoras de la isla Margarita; Beatriz de la Cueva, que por
elección del cabildo rigió a Guatemala; la mujer de Hernando de
Soto, a la cual se encomendó el gobierno de Cuba, e Isabel Barreto,
caso único de almiranta.
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