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Sin ser un entendido en música, ni un
crítico de la movida posmoderna, confieso, que nunca he sintonizado
ni con la obra, ni con la persona del cantautor Joaquín Sabina. Me
han reafirmado en mi desafección, las desafortunadas declaraciones
del mismo, al MAGAZINE-LA RAZÓN (31/12/).
¡Qué pena, qué profunda pena me ha producido el leer su propia
confesión, auto justificativa de sus desvaríos en el campo moral y
religioso, que él destaca como timbre de gloria!.
No
quiero pecar de pazguato, fácilmente impresionable, por lo que me
limitaré a citar, textualmente, sus palabras, dejando lo demás al
juicio, y al sentido común de los lectores. He aquí lo que dice
Sabina."Yo tuve una infancia muy religiosa, ocho años en un colegio
salesiano de misa diaria, rosario diario y muchas hostias.
Intentaron también que fuera seminarista, y tenía vocación, y era de
comunión diaria y de ejercicios espirituales. En fin un horror. De
aquellos polvos vienen estos lodos. Ahora comprendes estas ganas de
pecar, ¿eh?. Y eso unido a una casa de padre de Acción Católica, de
Adoración Nocturna, del Cuerpo Superior de Policía, absolutamente
fiel a su mujer, absolutamente recto. Es una suerte que no haya
salido asesino en serie. Estaban todos los ingredientes para salir
Jack el Destripador".
Amigo Sabina, el querer, públicamente, justificar tus desvaríos y
desvíos presentes, retrotrayendo todo a causa de la educación
recibida en tu niñez y adolescencia, no es honesto, justo ni
verdadero. Te lo dice con el corazón en la mano y con la máxima
comprensión a tu persona, otro antiguo alumno salesiano, que se
ufana de la educación recibida y que hoy, por gracia de Dios y de
los salesianos, es sacerdote de la Iglesia católica y te escribe
estas líneas. |