|
JOAQUIN SABINA
Bellas mentiras del conde crápula
Tras catorce discos, el más
discutido de los cantautores vive un momento dulce como creador y como
profesional. Pero sigue instalado en la provocación. Confiesa su simpatía por
las putas y taxitas. Y no le importa que le vean como un falso marginal o un
caradura.
Suele ser una experiencia estimulante entrevistar a Joaquín Sabina.
Y más ahora, cuando vibra en la memoria su disco más carnoso, 19 días y 500
noches, y se presenta con una banda excelente apoyada en una escenografía tan
sencilla como eficaz. Sabina es un voluble explorador de sí mismo, su personaje
favorito. En general carece de pudores y no se reprime: “Las entrevistas de
mis colegas españoles son aburridas, casi nunca termino de leerlas”. Sentar a
Joaquín Sabina ante un magnetofón es un pesadilla. “Si ya terminó la gira,
pero se quedó en Buenos Aires”. “No, ha viajado a Perú”. “Ya ha
llegado, pero está muy cansado”. “Voy a despertarle a las diez de la noche,
tú pasate hacia las once”. “No vengas, no se puede levantar de la cama”.
A la noche siguiente se
materializa entre infinitos santos y máscaras que cubren sus paredes y todo se
perdona: Sabina es un anfitrión cordial, que se ocupa de que no falte nada al
periodista, incluyendo carpetas con los sonetos que intercambia con Fito Páez o
Silvio Rodríguez: “Te ayudará a entender mi relación con ellos”. Al poco
llegan amigos, pero Sabina no interrumpe la entrevista. Al menos durante las
primeras dos horas; luego, vence el deseo de compartir las canciones grabadas en
Lima con su garganta de Ducados y con los finos músicos de Chabuca Granda.
“Siempre he vivido de noche.
Pero hace dos años que prácticament no piso un bar: He puesto mi bar aquí: no
cierra nunca, sale más barato, vienen parroquianos gratos. Varios de mis amigos
tienen llaves del piso, pueden liarse aquí aunque yo esté durmiendo. Por eso
vivo en Lavapiés. Nunca tuve la tentación del chalecito, que parece obligado
para un cantante de éxito. O corte o cortijo: sólo dejaría Madrid por una
casa en la playa”.
¿Cómo son realmente las noches de Joaquín Sabina?
Te advierto que me siento en la
racha más productiva de mi vida, trabajo hasta el mediodía. No me apetece
darle más vueltas a esa fama del Sabina vampiro, creo que cualquier español
haría lo mismo si pudiera. Además simpatizo con los oficios de la noche:
putas, taxistas, camareros, ¡Son mucho más interesantes que los jefes de
negociado!.
Existe esa leyenda negra. Que
Joaquín Sabina sólo se ve con amigos que le aguantan su ritmo. Incluso, hay
colegas muy preocupados por su salud.
Ya, que voy a morirme. Se
preocupan por no verme en los antros habituales, pero la realidad es que no paro
de escribir, de componer. Me duermo con el walkman al lado y me despierto y
grabo todo lo que se me ocurre.
Pero usted tiene mucho
peligro. Cuando actuó en el palacio de Congresos, terminaba los bises y le
secuestraban, le llevaban a la sierra para evitarle las tentaciones.
Cantaba cuatro días seguidos, y
en Madrid después de un concierto, acabamos 50 personas en el piso, y muchas
risas y mucha juerga. No podía permitírmelo con la voz que tengo.
Se espera que Sabina cree a su
alrededor un espacio de libertad donde surja la locura y la magia.
Ojalá fuera verdad. Desde
luego, cualquiera tiene libertad aquí total, incluso para molestar, no faltan
patosos que hasta se meten con mi novia. Sin embargo en estos dos últimos años
noto una clarísima tendencia a la soledad que me preocupa. Además,
me abandonan las mujeres, y no al revés: dos en un año, como cuenta el
disco, es demasiado para alguien e 50 años que cree en el amor pasional. Pero,
bueno, a veces se deja caer alguna chica que no cobra mucho o una de esas muy
caras (risas). Opino exactamente igual que Fernán-Gómez: las putas son muy
baratas para todo lo que te dan.
Su idealización de la
prostitución genera polémica. Tras lo que publicó la revista “Efe Eme”,
llegaron cartas donde se preguntaba si Sabina aceptaría que sus hijas
terminaran en esa “noble profesión”.
¡Pero si van a ser putas, como
su padre!. Yo tengo alma de peluquera de día y puta de noche. En serio: desde
luego que no es el mejor trabajo del mundo, pero tampoco el peor. Ellas no
están allí por gusto, aunque alguna vocacional he encontrado; una me dijo “Yo
quise ser puta desde que tuve uso de razón”. Lástima que tengan tan poca
cultura: a las que he tocado mi canción sobre las putas, sólo una sabía
quién era María Magdalena. Por no saber, ni saben que tienen patrona. Vamos a
quitar moralismos: su conciencia es más limpia que la de sus clientes. Aquí
vienen, nos reímos, bailamos, algún strip tease... y nunca me las tiro. Se las
trata como reinas, como a cualquier amiga que entra por esta puerta.
¿Conoce esa variedad cubana,
la jinetera?
Pues...si, claro que sí. Fidel
negó que existieran, luego reconoció que había pero que eran licenciadas y
libres de enfermedades, ahora han desaparecido por represión policial. Lo que
no acepto es la hipocresía de los que se rasgan las vestiduras: “¡Prostitución
en una sociedad socialista!” y ahora claman por “esas pobres chicas que no
pueden ni ganarse la vida”. Detesto el turismo sexual, lo mismo que a los
explotadores de putas.
Por cierto que su vecino de
abajo es Pablo Milanés.
Y el de arriba, Luis de Pablos,
que lleva años maldiciéndome, creo que se levanta a las cinco de la mañana.
Es un señor hosco, ni siquiera saluda. A veces, viene la policía y ....no, no
me atrevería a decir que el ilustre compositor contemporáneo llama a los
guindillas.
¿Qué le une a Pablo
Milanés?
Es una persona imprescindible en
mi vida, me ha enseñado muchas cosas. Procuro mimarle, ha sufrido nueve
operaciones en un año. Cuando viene el verano, el negro se pone en paños
menores en el balcón como si estuviera en La Habana y hablamos de un piso a
otro. Ahora, le llama mi gente cuando toco “Una canción para la Magdalena”,
que es una música suya, para que pueda oir a 3.000 personas entonando lo de “la
más puta de todas las señoras, la más señora de todas las putas”, sin
risitas, con emoción. Me encantaría que se atreviera a cantarla.
Usted le defendió cuando hizo
aquella gira desdichada con Victor Manuel: arremetió durisimamente contra el
periodista que le criticó, precisamente el mismo que escribió un libro sobre
Sabina.
Yo aplico el código de La
Legión: con los amigos, tengan o no razón. No se puede atacar un concierto que
no se ha visto. Además decían que había sido internado en un campo de
reeducación por maricón. Pablo no lo es, y, en todo caso, no venía a cuento.
Le internaron en una redada de moralización, en aquella redada infame contra la
bohemia habanera. No olvides que mientras Silvio Rodríguez es un universitario,
Pablo venía de cantar boleros en cabarés. Y a pesar de tal injusticia, sigue
defendiendo a la revolución como casi todos los negros cubanos.
Fito Páez afirma que el
problema de Sabina es el exhibicionismo, que le gusta airear sus conflictos
privados en público.
Yo
nunca salgo en revistas del corazón y él sí. Además me define una radical
falta de hipocresía. Para mí, no es de mal gusto hablar de sexo y dinero. Los
versos que mandé a Fito terminaron por publicarse en Argentina, pero
recortados, mal trascritos, con alevosía; ahora voy a sacarlos en un libro,
más cartas cruzadas con Silvio o el subcomandante Marcos. También hay versos
para hacerme perdonar por gente como José Luis Gómez, el actor. Hubo un
proyecto de recitar a César Vallejo; mi desorden vital me hace quedar mal con
tipos a los que admiro profundamente.
Su disco con Páez, Enemigos
íntimos, se hizo en Buenos Aires. El hecho de ir solo, a grabar en el estudio
de Fito y con sus músicos, revela una valentía casi suicida.
Más
bien, sumisión ante su talento. Y su capacidad organizativa. Los cantantes
siempre estamos haciendo planes fabulosos que se olvidan inmediatamente. Fito,
no: al día siguiente te manda los billetes de avión y quedas comprometido. Era
el reto de enfrentarme alguien que está en mis antípodas. Fito pertenece al
barroco musical, tiene horror al vacio, pero al mismo tiempo es rapidísimo,
graba y ya no toca las canciones. Y yo soy enfermizamente meticuloso, reviso
hasta el último segundo, incluso rehago letras ya grabadas. Para él fui una
tortura china. Pero es cierto que yo estaba solo, las fuerzas eran muy
desiguales. Y me rendí, incumplí el deber de pelear estéticamente, acepté
sus formas y no busqué un terreno en que mi voz encajara con la suya.
¿Fueron Fito o Cecilia Roth a
sus últimos conciertos en Buenos Aires?
Les
mandé entradas, pero no, no fueron. No pasa nada, ya haremos las paces. Le
tengo ley, es muy listo. Por ejemplo, escuchó aquí la maqueta de 19 días y
500 noches y enseguida vio la incongruencia: que parece que desprecio a la “gente
sin alma / que pierde la calma / por la cocaína”. Debí contarle que nació
como canción de encargo y que tenía que situarme fuera. Cuando compones así
te expresas con mayor desfachatez, te encarnas en otro. Pero esa rumba me
atrapó y me la guardé, casi como homenaje a Bambino. El pobre murió cuando
estábamos grabándola, no llegó a oirla. No ha quedado perfecta, me fallaron
las gitanillas, pero veo que conmueve incluso a gente poco rumbera. ¿Sabes que
me la prohibieron en México? No por la menciñón a la coca, sin por la frase
“negaría el Santo Sacramento / en el mismo momento / que ella me lo mande”.
En un país que no tuvo relaciones con el Vaticano hasta anteayer....
Usted solía ser uno de los
“abajo firmantes”, siempre suscribiendo manifiestas o escribiendo textos
agresivos contra, por ejemplo, la guerra de Kuwait. Sin embargo es clamoroso el
silencio frente a los conflictos donde no está involucrado Estados Unidos, como
el de Chechenia.
Me
han pillado viajando, no tengo información. Además andamos desconcertados, en
vez de capitalismo contra comunismo, el enfrentamiento actual es de los escasos
paises ricos contra los pobres. Y el consenso mundial de los que comen todos los
días apenas deja espacio para batallar. Además ahora me interesan más las
acciones concretas.
Recientemente, actuaba
invitado por Ruíz Gallardon. ¿Cómo se sintió en la antigua Dirección
General de Seguridad?
Yo
he estado detenido, procesado, condenado....no, eso no me impresionó. Mis
músicos alucinaban con los invitados, la gente del PP. Pero se celebraba el
aniversario de la Constitución y yo en eso si me mojo. Además, tengo simpatía
por el presidente de mi comunidad. Es evidente que busca nuestros votos, pero yo
no le he pillado en un renuncio y sí le he visto gestos como condecorar a
Leguina. Cuando empezé a tocar, se puso ostensiblemente en primera fila y
prohibió que se sirvieran copas. Yo me permití un par de bromas y canté
algunos versos rojillos. Creo que un diputado del Partido Popular comentó: “Al
menos, este año no tendremos que esperar a la fiesta del PCE para ver a Sabina”
(risas).
¿Tiene relación con otros
políticos del PP?
Con
los atípicos. Celia Villalobos acude a mis conciertos en Málaga, pero con toda
la corporación y sin fotógrafos para inmortalizarlo, un detalle elegante. De
todos modos, que quede claro que estoy en contra del Partido Popular, sigo
siendo de Anguita. A quién una vez me llevé a una discoteca en Córdoba y
resultó ser un bailón. Pero yo no recomendaría a ningún político que se
relaccionara conmigo: mi público natural son los delincuentes. En México, una
chica vino con mi gente al hotel, yo me dormí y al día siguiente descubrí que
se había llevado mi chaqueta con el pasaporte. Se la localizó y pidió dinero
por devolvérmelo, a lo que me negué. El robo en sí no me molestó, yo hubiera
hecho lo mismo de haber coincidido con, digamos, Dylan.
¿No teme que un día sus
hijas vean sus fotos con Castro y se horroricen de que usted tratara con un
sátrapa?
Ya
me lo dicen amigos que vomitan cuando hablo de Fidel. Y el ABC sacó un suelto
donde yo era un “ridículo cantante comunista amigo de tiranos”; al día
siguiente, su portada era los Reyes de España con el asesino de Tiananmen. Qué
doble rasero tan fabuloso.
¿Cómo ocurrió aquella
reunión con Castro?
Me
siento privilegiado: Vázquez Montalbán estuvo un mes en Cuba y no pudo hablar
con él. Supongo que le llamó la atención que yo le hablara tal como hablo
contigo. Está rodeado de “comemierdas” como me confesó en tono cariñoso.
Era triste que Armando Hart, ministro de Cultura, considerara necesario quedarse
en la reunión dando cabezadas.
¿De qué se habló? Suele ser
un recolector de información económica.
Exacto,
quería saber lo que cobran mis músicos y cómo se monta una gira, aunque la
música no le atrae. Estuvimos cinco horas y bebí tanto como él; yo me
emborraché como un piojo mientras él seguía fresco. Yo fumaba, le echaba la
ceniza sobre el uniforme y le ofrecí un cigarrillo: “Ya sé que luchas contra
el tabaquismo y renunciaste a fumar como un ejemplo para el pais, pero, bueno,
en privado podrías hacerlo”. Me impresionó su respuesta: “Es que, aunque
no haya cámaras, defraudaría a gente muy cercana, perderían la confianza en
mí”.
Parece usted una víctima del
síndrome de Estocolmo.....
Hombre,
sí. Pero es que ese síndrome está también en la amistad, en el amor. Fidel
ha cumplido 40 años llevando de cabeza al mundo entero, el que me conceda
tantas horas de charla es de lo más emocionante que me ha pasado en mi vida. Al
final me soltó al oido unos piropos, que a pesar de mi incontinencia verbal, me
reservo. Recuerdo lo que me respondió García Márquez cuando le pregunté si
de su larguísima relación con Castro saldría un libro. Me dijo que sólo
publicaría folio y medio que ya tiene escrito. Le insistí que era su
obligación dar datos para la historia, y me respondió que para él, Castro era
un amigo que le visitaba para hablar de forma íntima y que uno no puede
traicionar a un amigo. Chapeau.
¿Algún otro lider que le
haya impresionado tanto?
Actué
durante la Cumbre de Jefes de Estado Iberoamericanos, reunidos en Cartagena de
Indias, en Colombia, y comenté –y se publicó- que todos parecían gerentes
de banco, menos Fidel Castro, que al menos tiene una pinta de personaje mítico.
Por cierto, los presidentes pasaban luego a camerinos para saludar a sus
artistas, pero Juan Carlos y Sofía no entraron. A mí, Carlos Menem me llama
para comer con él cuando voy a Argentina y no me doy por enterado. Lo que me
irrita, ponlo con todas las palabras, es que no se acuerden de mí cuando el Rey
se junta con los artistas. Seguramente no iría, pero me indigna que se invite a
las Paquita Rico o a las Sofia Mazagatos y se olviden de alguien que acaba de
vender un millón de discos. Yo soy, como dice Fernando Savater, un anarquista
que respeta los semáforos y les saludaría con buenas maneras. Me parece que
fueron a una escuela donde no se les enseñó a ejercer bien de reyes.
Me extraña que no recuerde
aquella célebre frase de Groucho Marx sobre que no quería ser miembro de un
club que le admitiera de buena gana.
No,
poque me deja a la altura de un conde Lecquio. Por cierto, me adhiero a regocijo
nacional por las dos hostias que le han dado, que se las ha ganado a pulso. Ya
no soy un maldito, lo de sentirse un héroe irreductible y un republicano
perseguido es cosa de juventud. Que sepa el señor Almansa (jefe de la Casa
Real) que debo ser convocado, y que yo decido si voy o no voy, como hace Alfonso
Guerra.
Usted es uno de esos progres
que hoy abraza los tópicos del español: los toros, el fútbol, la copla.....
En
lo del fútbol me dejé arrastrar, no me interesa nada. Creo que es influencia
argentina: allí, un intelectual no tenía miedo en proclamar que seguía al
Boca Juniors y amaba a Gardel y Goyeneche. Aquí finalmente hemos decidido que
podemos sacar todo lo que enterramos en el fondo del baúl. Y sale la copla, la
rumba, el tango, la ranchera...ah, acepto lo de progre, sobre todo cuando lo
dice Aznar con tono despectivo.
Repasando sus discos, intuyo
que su creatividad se dispara cuando comienza a viajar por Latinoamérica. El
cantautor que iba de rockero simplón se
convierte en un artista inspirado que toca todos los palos.
Si.
Primero entró el elemento argentino. Luego fue México. Y ahora estoy fascinado
por la música peruana.
¡No se puede ser tan
transparente! Asimila las músicas de los paises de donde vienen sus sucesivas
novias.
No
me parece mal llegar a amar a un país por la vía vaginal. (risas). A mí,
América me salvó. Tenía un éxito a escala española que se había convertido
en rutina, el personal de Albacete se reía y aplaudía con las mismas frases
que el de Gijón. Yo era muy cateto, un tipo con boina mental que sentía
pánico a los aviones. Hasta que me vi en medio del Atlántico, todos los
pasajeros durmiendo, y yo con mi whisky y mis pitillos escribiendo furiosamente
sobre lo que había vivido en el DF o en Buenos Aires. Allí comprobé la verdad
de lo que yo afirmaba alegremente, que la única patria es tu lengua. Mi pasmo
fue descubrir que todo me era familiar, pero ¡tan diferente!. Además mis
canciones me habían precedido y hasta eran conocidas en Cuba, donde nunca ha
salido un disco mío. Al mismo tiempo, mi cara no era reconocible y podía hacer
cosas, ir a sitios que me están vedados en España. Y quieren de otro modo. En
mi memoria están las entrevistas de Lola Flores, que para mí siempre venía de
Buenos Aires diciendo que en América respetan a los artistas, no como aquí.
También era verdad. Si me quedara a vivir en Buenos Aires terminaría
gilipollas. Es ... excesivo. Terminas de actuar en el Gran Rex, llegas al
restaurante a cenar ¡y los clientes se ponen de pie y te aplauden!. El otro
día nos seguía un coche por la calle Corrientes, y finalmente me paré y fui
hacia ellos. El tipo me enseña un reloj y me dice: “Vos me lo regalaste”.
¿Cómo así? . “Es que hace años te conté que mi primer hijo se llamaba
Joaquín por tus discos”. En los asientos de atrás van los dos niños. Y
añade: “La bebita se llama Sabina”. ¿Qué puedes decir?.
Aparte de halagos, ¿Qué
halla en aquellos paises?
¡Pues
que todo es más de verdad que aquí!. Bailar no es “estamos en una boda y nos
marcamos un pasodoble”, follar es follar con todo el cuerpo, la riqueza es un
escándalo y la pobreza echa para atrás. Yo evito el macondismo, la
fascinación por la miseria y el subdesarrollo en que cae cierta izquierda. Me
gusta su amor por el lenguaje. Son cursis, ya que no se tienen miedo a sí
mismos; se expresan de un modo florido, se sacan el corazón. Y ojo, una
porteña candidata al Nobel de Química puede hablar como Corin Tellado. Nosotros
reprimimos los sentimientos, nos cuesta tocarnos, cada vez somos más ingleses.
Además como negarlo, allí están los mejores culos del mundo ¡y cómo bailan!
Arriésguese a que le llamen
machista y hable, grosso modo, de sus diferencias con las españolas.
Por
ejemplo, las argentinas se visten de mujeres, aunque sean intelectuales.
Lamentablemente, se operan las tetas. Además, usan los trucos ancestrales de la
coquetería, la seducción, que aquí se han perdido por ese pudor ortopédico.
Y dicen unas cosas: las cartas de fans españolas empiezan con “hola me llamo
Pepita y seguro que esta carta no te va a llegar...” se te quitan las ganas de
seguir leyendo. Las de las fans americanas son auténticas piezas literarias que
te atrapan desde el principio.
¿Cómo asumen las mujeres sus
proclamas de infiel vocacional, lo de cómo-fuera-de-casa-en-ningún-sitio?
Sé
que estoy en la picota de las feministas, con Umbral y alguno más. No creo
merecérmelo. Yo escribí una letra, Hay
mujeres, que Ricardo Solfa cantó con su música. Bién, durante años me he
encontrado con chicas que decían que yo era un retrógado, no como Solfa, que
sí entendía a su sexo. Y no me creen cuando insisto en que esos versos son
míos. Es cierto que están cambiando: en Y
sin embargo canto que “voy contigo pero estoy mirando el culo a otras, no
hay día en que no te traicione o no desee hacerlo”. Lo sorprendente es que
oyen esa canción y se identifican con el protagonista: ellas son las que
quieren poner los cuernos al cónyuge aburrido.
¿Sabe que despierta tanto
odio ciego como amor?
No
soy muy consciente por mis dos años de encierro. Antes, es cierto que hasta me
han insultado por la calle, aunque eso puede ser consecuencia del poco respeto
que hay aquí por los cantantes. Seguro que algunos me ven como un falso
marginal, un bohemio dorado, un caradura. Cuando yo cantaba por los bares,
también arremetía contra gente que no conocía: Serrat ya era un instalado. Y
le traté y me tragué todas aquellas opiniones frívolas. Así
que acepto que me detesten, entra en el cargo; aparte que huyo del
victimismo. De todos modos, afinan
poco, aquí somos poco finos incluso para eso. Cuando pretenden machacarme en la
prensa, me asombra que no vean la cantidad de flancos vulnerables que tengo.
Quizá son demasiado obvios.
Hasta el último, usted hacía discos generalmente feos en portadas y lastrados
por algunas canciones sonrojantes. Por no hablar de su tendencia a la
automitificación, sus poses, su maniqueísmo
Ya
sé que lo dices por Ojos de gata, la canción que Enrique Urquijo compuso a
partir de mi Y dieron las diez .
Fíjate que mucha gente hizo todo lo posible por enfrentarnos, pero ni Enrique
ni su hermano Alvaro entraron al trapo. Todo lo demás, es, vaya, tu opinión;
llevamos 15 años discutiendo y nadie convence
nadie.
Al mismo tiempo, son legión
los que van a sus conciertos para hallar coordenadas frente a la confusión, par
oír que alguien canta lo que ellos no saben expresar o no pueden vivir.
Cuando
tienes un público tan amplio, se te desdibuja su perfil. Sólo veo que las
primeras filas están llenas de chiquillas; un peligro, pues te quedas colgado
de alguna y la concentración se va al carajo. Pero no se cuanta gente advierte
que susurro el nombre de J.J. Cale para reconocer su influencia, o si se aprecia
el republicanismo de algunas letras. Igual me ven como un payaso, como a Dalí
en el franquismo. No puedo presumir de entender sus emotivaciones, yo nunca
iría a un concierto a Las Ventas, pero actúo allí en Septiembre y se que
llenaré.
De todas formas, tal vez damos
demasiado peso a las canciones de un tipo que presumía de mentiroso.
Yo
consideraba la mentira como una de las bellas artes; ahora, apuesto por la
sinceridad y descubro en ellos y ellas, ricos y pobres, amigos y desconocidos,
todos prefieren las mentiras. Y la función del arte es mentir, maquillar el
desconsuelo de la vida. Como compositor
dudo que José Alfredo Jiménez viviera los dramas de sus rancheras. Pero
también es cierto que me ocurren cosas inverosímilies. Un día terminé a las
tres de la tarde en un apartamento en la calle Capitán Haya de Madrid con una
puta de 50 años, que de espaldas me pareció atractiva, y su amigo, un enano
del Bombero Torero, un tipo majo. Hasta que me dí cuenta de que yo no quería
sexo con ninguno de los dos y me largué. Quise usar la historia en una
canción. Imposible.
|